domingo, 15 de noviembre de 2009

Infantilismo secesionista

Tendría gracia que una tripulación como la del “Alakrana” se quedase sin defensa jurídica por la cerrilidad de un armador que juega al independentismo abanderando sus barcos con la enseña de un país inexistente. No es un comportamiento novedoso en el nacionalismo, pero la broma se circunscribía a algún ocioso capitán de yate que se soñaba descubridor o adelantado surcando mares desconocidos, y no era cosa de aguarle la ensoñación ni marchitar su fantasía. También algún patrón de pesca izaba la ikurriña cuando la Administración hacía que no miraba.

Pero a la travesura infantil del capitán del “Alakrana” rehusando la bandera con mas solera y antigüedad en todos los mares se sumó luego la irresponsable desobediencia de rebasar los límites del área marítima custodiada por los buques de las Armadas aliadas, porque “para cojones, los vizcainos”. Mas cuando los somalíes los empujaron hacia el pañol del rancho como a un ganado sin dejar de apuntar las bocachas de los “kalashnikov” hacia la sién, llegaron las llamadas urgentes a la familia, la depresión y los sollozos. Porque cuando se entra en conflicto con un pueblo hambriento al que se le hurtan los recursos y se le impide la subsistencia, la relación tiene una verdad y una aspereza desconocida cuando se suele jugar contra un Gobierno de mantequilla, benefactor, pacifista y enemigo de la milicia, aunque caiga en la contradicción de sustituir las unidades militares por pandillas de rufianes y sicarios.

A mi se me hace que encomendar la custodia y defensa de unos barcos que navegan bajo el pabellón de un país con decoro, a “soldados de fortuna”, cuando no a pistoleros pendencieros y matasietes como “miles gloriosus”, cuyos cerebros habría de poner en orden un psiquiatra si no han derivado ya hacia el delirio paranóico, no es una fórmula juiciosa ni medianamente responsable, como ha demostrado el comportamiento de las “mesnadas” estadounidenses a sueldo de Rumsfeld y Cheney, y los mercenarios ingleses del señor Blair, cuyos comportamientos estan agitando estos días la Cámara de los Comunes.

Por muy duro que sea el recurso de la confrontación armada, a los soldados se les educa para la guerra, como los monarcas se adiestran para reinar, de acuerdo con criterios éticos que en ocasiones incluso observan escrupulosamente, Y ambas actividades estan inspiradas por la prudencia rigurosa, la ponderación del riesgo, el valor medido, y el sacrificio. Vayan ustedes con monsergas a un individuo que cobra a tanto el muerto, como los cazadores con las pieles de los osos, y no han aprendido más que a darle al gatillo. Pocas muestras de abnegación pueden esperarse de ellos.

Y sobre todo ¿pará qué queremos un Ejército si encomendamos la defensa de nuestros barcos a pandillas de escopeteros? Nuestro deber está en este tiempo junto a nuestros marineros y sus buques, y no en Afganistán. Si el Gobierno sintiera a España, habría percibido que nada alienta tanto el separatismo como no saberse comprendido ni sentirse defendido por la comunidad que nos abarca.

Y si Zapatero y Carme Chacón hubiesen leido Historia, sabrían a estas alturas que nuestros antepasados crearon la primera Infantería de Marina del mundo en 1537 para prevenir estas situaciones que ahora no saben cómo abordar. Y que, precisamene, el autor de nuestro libro más universal fue un oscuro y valeroso “infante de Marina” que en Lepanto se quedó tullido del brazo izquierdo.

Si Zapatero y la Chacón supiesen Historia, habrían hecho destituir al presidente del Gobierno y al responsable del Ejército.



Darío Vidal
15/11/2009




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