jueves 8 de marzo de 2012
miércoles 7 de marzo de 2012
Trabajo sin azar
Parece que
es la hora propicia de los milagros. Se niega el trabajo a los
demandantes del “Inem” después de que la fortuna se muestre
esquiva con los que han apelado a los amigos, los conocidos y los
vecinos. Y a medida de que remite la esperanza y se recurre a la
intercesión de los santos, algunos “border line” piensan
ya, como el Tenorio, que “si Él sus puertas me cierra / de mis
pasos por la tierra / responda el Cielo y no yo”.
No apelo a
argumentos morales ni pretendo hacer de esta reflexión una homilía:
que cada ejecutante toque su instrumento. Quisiera siemplemente
aplicar la cordura para adoptar soluciones de más largo recorrido,
para que todo el mundp aprenda a pescar y no se resigne a coger los
peces que otros les regalen, a condición de que sean buenos y se
portan bien. Abogo por el trabajo, el esfuerzo y la dignidad, y
deploro la dádiva que vuelve servil, porque esclaviza y envilece.
Por eso me opongo con todas las fuerzas al albañal de “Las Vegas”
en España. Basta ya con la de Nevada.
No se de
nadie que haya ideado soluciones, experimentado técnicas
quirúrgicas, explorado recursos, ni mejorado a la sociedad desde una
sala de juego. Tampoco ha aprendido en esas aulas la abnegación, la
solidaridad ni el esfuerzo. Nada salvo el lucro a toda costa, el
engaño, la trapacería, el descuido y el guinde se enseña en tales
escuelas. Virtudes todas que aprendemos casi siempre a lo garduño y
sin maestros .
Que juegue
quien quiera en su tugurio; que actue al acecho el descui-dero; que
desplume el trilero con su trile; que se huelguen con sus timbas los
ludópatas y que goce, sufra y ría el hampón en buena hora, porque
hasta el diablo tiene sus ámbitos y sus tiempos , pero el Cielo
impida que se afinque a menos de cinco mil leguas el que, por
debilidad, avaricia, usura o mala inclinación, cultive la desgracia
de los otros a conciencia de su culpa.
No confío
en que los españoles consigan ser “justos y benéficos”
cual deseaba la angélica Constitución de Cádiz en
1812. Pero aún admitiendo el beneficio del libre albedrío cuyo
ejercicio da valor a nuestros actos, tampoco es cosa de exhibir la
lista completa (“et no nos inducas in tentatione”) ni el
repertorio de posibilidades para explotar y burlar a nuestros
prójimos.
Se entiende
que una nación jóven, alumbrada apresuradamente en el desierto y la
frontera, tenga peculiaridades como la Ley de Linch, el Jurado, la
autoridad incuestionable de una figura como el “sherif” y una
democracia “sui géneris” mal copiada de la británica.
Pero los
que tenemos canas hasta en el sobaco, no debemos copiar el ensayo
institucional de un adolescente. España no necesita el aliciente –y
menos en la crisis-- de un negocio que estimule el azar y no el
trabajo,
“Las
Vegas” no es “Disneylandia”.
Darío
Vidal
07/03/2012
viernes 2 de marzo de 2012
BURLAR A LA MUERTE
BURLAR A LA MUERTE
Nadie
piense que es una reacción gremial. Me alegro del rescate de Javier
Espinosa y sus compañeros no solo por ellos, sino porque miles de
lectores han recobrado su capaciad de saber y de opinar.
Pues existe
el propósito de no dejar testigos sobre el terreno en Homs. El
designio de los tiranos es matarlos a todos como se ve en las últimas
acciones, ejecutando operaciones anónimas y fortuítas. Ayer mismo,
cuando sabiamos que Edith Bouvier y Javier Espinosa estaban saliendo
de su ratonera en Homs, teníamos noticia de que los hombres de la IV
División Acorazada, o “de los Monstruos”, de la Guardia
Republicana siria, la unidad de élite del hermano del presidente
Bashar, Maher al Asad, cuyos blindados tienen orden de rebuscar
resistentes –y periodistas-- entre los escombros del barrio de
Bab-Amro, arrasadas mezquitas y hospitales, inutilizadas las bolsas
de suero y de sangre para trasfusiones, negando la asistencia a los
heridos, impidiendo las evacuacuiones y habiendo bombardeado las
conducciones de agua y los depósitos de alimentos, sin pan, luz,
vendas, antibióticos y calefacción, tras decomisar las radios, las
grabadoras, las cámaras, los micrófonos y teléfonos digitales, la
consigna era no dejar vivo a nadie.
El mismo
propósito que formuló Hafez al Asad, padre del actual tirano,
cuando hizo aplastar en 1982 las revueltas de Hama a su fiel hermano
Rifaat al Asad, lo que costó la vida a 30.000 compatriotas. No
sabemos a cuanto ascenderán las víctimas –hasta aquí son 8000--
cuando dentro de unos días se haga balance de la represión
ejercida por Maher al Asad, “el carnicero de Deraa”
hermano menor y jefe de la actual unidad de élite, por orden del
hermano mayor Bashar al Asad, el actual dictador. Una siniestra
historia que amenaza repetirse.
A estas
horas se ha iniciado el asalto final a la ciudad de Homs con varia
fortuna, porque el encarnizamiento “baazista” corre parejo
a la bravura de la población desarmada, aunque Rusia y China hayan
cerrado las puertas del Consejo de Seguridad de la institución más
venal e inoperante del Planeta. Dios no depare a las víctimas
mala hora.
Ayer
murieron 13 hombres en las 26 horas que duró la evacuación del
fotógrafo británico del “Sunday Times”, Paul Conroy.
Despues de varios ataques entre campos de minas, con dos bombardeos y
una emboscada en que cayeron 23 sirios, se dividió el grupo,
llegando éste al Líbano, aunque habiendo de retroceder hasta Homs
el integrado por Edith Bouvier de “Le
Figaró”, que vivió oculta durante 25 dias de
asedio con una pierna rota, a Abú Maha y a Javier Espinosa de “El
Mundo” hasta lograr por fin evadirse anteayer al Líbano.
Ójala esos
periodistas hagan ganar a los sirios.
Darío Vidal
02/02/2012
jueves 1 de marzo de 2012
Los coranes de Bagram

No ha remitido la agitación por los coranes profanados en la base militar afgana de Bagram. Solamente se ha desplegado la policía autóctona para aislarla de los musulmanes irritados, con la promesa de que los basfemos norteamericanos serán entregados a las autoridades afganas para que paguen su pecado en la horca. Acaso un punto radical.
Pero no se trata de un capricho supersticioso. Se trata de una ofensa contra un pueblo creyente, piadoso y devoto; una comunidad que levanta sus miradas al cielo tres veces al día para pedir orientación, solicitar piedad e impetrar apoyo a Dios en todas sus cuitas graves y menudas. Y he aquí que unos invasores, unos extranjeros, unos impíos y unos “paganos”, se apropian de su tierra y blasfeman de Allah y de Mahoma su Profeta. Y supuesto que no hay nunca motivo para denigrar lo sagrado que atenta contra lo mas hondo de cada cual, resulta doblemente grosero profanar lo divino, con propósito de ofender. Mas pierden, por supuesto, los que no van creyendo en nada.
Pero vista la cuestión desde la otra perspectiva, solo un patán adornado con la incultura más culpable, es capaz de proceder como los “boys” de la base estadounidense de Bagram, so pena –y aún así-- de ir cargados con unos cuantos decálitros de whisky. Hay normas de convivencia y de respeto que se encarecen a cuantos se desplazan a un país exótico y lejano. Y el mundo musulmán es un reducto exótico y lejano para los occidentales, por no hablar de los emigrantes del “Mayflower” que reputan intrincado todo lo que no se diga en inglés.
Realmente también nosotros nos hallamos en camino de no entender nada, como pasa al coger con las manos impuras el pan sacramental, o al arrojar nuestros muertos al fuego como los hindúes a las piras del Ganges, o los “salvajes” sioux amerindios en el túmulo en la pradera hasta devorarlos los buitres, convirtiendo así en normales, acciones o ritos que constituyeron el ápice de la vejación, el desprecio, la blasfemia y la impiedad. ¡Quién no se ha sentido desamparado al oir el relato de ciertos proscritos condenados a ser quemados y aventadas sus cenizas!
No cabe duda de que estos rituales son expresiones de una cultura, y que esos cambios de hábito son un síntoma de aculturación y sincretismo. No se si por razones mas profundas o simplemente porque el terreno es cada vez mas caro en los cementerios, sumado a que la cremación representa un nuevo negocio emergente, sobe todo ahora que ciertas empresas pueden hacer con el carbono residual del fallecido un brillantito que permite exhibir a los muertos con orgullo (“¿Ves? Este es Terry Jones, el pirómano. Y este es su santo abuelo petrificado. ¡Pero qué piedra! Hace un año daban no se cuantos millones!”)
Los musulmanes parecen tener mejor memoria.
Darío Vidal
01/03/2012
miércoles 29 de febrero de 2012
Fabricantes de guerras

Antes referían las batallas los cronistas del rey que vencía; ahora lo hacen los periodistas : por eso el Poder trata de que no sobrevivan cuando entran en conflicto las palabras y los hechos. Alguien ha dicho que la primera víctima de cualquier guerra es la verdad.
Y no digamos cuando coinciden las “verdades calumniosas” de enemigos entre sí. Por ejemplo, en el Desastre de Cuba, EE.UU apetecía la isla y quería comprarla a España. Los yanquis alentaron entre los “tagalos” y los criollos la revolución colonial a través de sus agentes, con despliegue gráfico de agresiones y matanzas de los españoles contra turistas americanos, y abominables violaciones de señoritas por los famélicos y hambrientos soldados españoles de reemplazo. Se dijo que era la primera vez que los periódicos habían ganado una guerra. Luego ha habido otras. Pero el caso fue que los magnates de la prensa amarilla e “intimos enemigos” William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer, entrevieron una mina de oro en el conflicto y mandaron dibujantes a la zona. A los tres o cuatro días el dibujante Remington cablegrafío desencantado:“Aqui todo está el calma, Jefe; aquí no va a haber guerra”. “¡Cómo que no va a haber guerra! Usted haga dibujos que yo pondré la guerra”.
El 15 de febrero de 1898, el acorazado “USS.Maine” estalló con 256 hombres a bordo, dos de ellos oficiales, en el puerto de La Habana. Tenía un enorme boquete desde el interior que lo llevó pronto a pique, y es dificil entender que una acción se llevase a cabo desde dentro burlando la vigilancia interior y exterior de la marinería. Pero Paris bien vale una misa y además todos los marineros reventados eran de tercera clase. Pasados 112 años se ha descartado un sabotaje de los españoles pero los objetivos se habían cumplido. Igual que el batallón de infantería de marina, integrada por negros, hispanos y chicanos donde se probó con notable éxito la bomba atómica en el desierto de Nevada. Una sensible pérdida.
Claro que esa fue una práctica habitual. Antes, cuando el coronel Custer intercambiaba armas y mantas emponzoñadas con estreptococos de escarlatina, sarampión, varicela o rubeola, incluso los indios adultos morían ya sin necesidad de que en 1876, el 7º de Caballería gastara munición en la batalla de “Little Big Horn”.
Los cronistas oficiales no suelen hacer referencia a los días pasados sin comer, las noches de alarma sin dormir o intentando descasar abrazados al fusil con el machete envainado y las cartucheras puestas. Tampoco del calzado de esparto porque alguien se comió el presupuesto y los asaltos sin munición, o el albur de enviar unas cuartillas desde una trinchera. Desde aquí rindo homenaje a mi otro abuelo Vicente Zaurín Morera, sargento de caballería y superviviente de Cuba, muerto hace poco, cuando él quiso.
Darío Vidal
29/02/2012
Y no digamos cuando coinciden las “verdades calumniosas” de enemigos entre sí. Por ejemplo, en el Desastre de Cuba, EE.UU apetecía la isla y quería comprarla a España. Los yanquis alentaron entre los “tagalos” y los criollos la revolución colonial a través de sus agentes, con despliegue gráfico de agresiones y matanzas de los españoles contra turistas americanos, y abominables violaciones de señoritas por los famélicos y hambrientos soldados españoles de reemplazo. Se dijo que era la primera vez que los periódicos habían ganado una guerra. Luego ha habido otras. Pero el caso fue que los magnates de la prensa amarilla e “intimos enemigos” William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer, entrevieron una mina de oro en el conflicto y mandaron dibujantes a la zona. A los tres o cuatro días el dibujante Remington cablegrafío desencantado:“Aqui todo está el calma, Jefe; aquí no va a haber guerra”. “¡Cómo que no va a haber guerra! Usted haga dibujos que yo pondré la guerra”.
El 15 de febrero de 1898, el acorazado “USS.Maine” estalló con 256 hombres a bordo, dos de ellos oficiales, en el puerto de La Habana. Tenía un enorme boquete desde el interior que lo llevó pronto a pique, y es dificil entender que una acción se llevase a cabo desde dentro burlando la vigilancia interior y exterior de la marinería. Pero Paris bien vale una misa y además todos los marineros reventados eran de tercera clase. Pasados 112 años se ha descartado un sabotaje de los españoles pero los objetivos se habían cumplido. Igual que el batallón de infantería de marina, integrada por negros, hispanos y chicanos donde se probó con notable éxito la bomba atómica en el desierto de Nevada. Una sensible pérdida.
Claro que esa fue una práctica habitual. Antes, cuando el coronel Custer intercambiaba armas y mantas emponzoñadas con estreptococos de escarlatina, sarampión, varicela o rubeola, incluso los indios adultos morían ya sin necesidad de que en 1876, el 7º de Caballería gastara munición en la batalla de “Little Big Horn”.
Los cronistas oficiales no suelen hacer referencia a los días pasados sin comer, las noches de alarma sin dormir o intentando descasar abrazados al fusil con el machete envainado y las cartucheras puestas. Tampoco del calzado de esparto porque alguien se comió el presupuesto y los asaltos sin munición, o el albur de enviar unas cuartillas desde una trinchera. Desde aquí rindo homenaje a mi otro abuelo Vicente Zaurín Morera, sargento de caballería y superviviente de Cuba, muerto hace poco, cuando él quiso.
Darío Vidal
29/02/2012
jueves 23 de febrero de 2012
Matar periodistas

Tengo una deuda con mis amigos los corresponsales de Guerra. También con los desconocidos. Porque yo he hecho de todo en ese oficio, por humilde que fuera. Mas un director acobardado y cobarde, vanidoso y lleno de complejos, que no nombraré porque ya se ha ido, frustró mi propósito de trabajar en el sudeste asiático, aduciendo que había decenas de agencias de noticias que nos inundaban de despachos todos los días, sin necesidad de molestarnos. Una ocurrencia que fue muy celebrada.
No iba yo para héroe como no iban mi admirado Manu Leguineche, que renunció a algún amor para no condenar a nadie a la viudez, o el veterano Enrique Meneses, o Gervasio Sánchez al que he visto por su tierra en alguna ocasión sin conocerlo, o Miguel Gil, o al académico Perez Reverte que ha escalado de otra manera la inmortalidad. O Alfonso Rojo, Mercedes Gallego, Ramón Lobo, Olga Rodriguez o Jon Sistiaga, con mejor suerte que los que no volvieron, como Luis Espinal que se quedó en Bolivia; Juan A. Rodiguez que cayó en Panamá; Jordi Pujol Puente que fué abatido en Yugoslavia; Luis Valtueña que dejó la vida en Ruanda; Miguel Gil Moreno que desapareció en Sierra Leona; Ricardo Ortega que no pudo regresar de Puerto Príncipe; Julio Fuentes muerto durante una emboscada en Afganistán; Julio Anguita Parrado, bombardeado por sorpresa cuando se hallaba “empotrado” en una unidad estadounidense, y José Couso destrozado por el cohete de un tanque americano desde el Hotel Palestina de Bagdad, donde se alojaba con otros periodistas internacionales, por una tripulación culpable, por conocida, identificada y “amiga”.
Los “reporteros de guerra” comenzaron teniendo la proteccion de los militares, para considerarlos luego civiles neutrales, pero los EEUU no han firmado todavía los protocolos de 1977. No puede extrañar por ello que sean culpables de cuatro de las ocho muertes registradas entre españoles desde 1988. De los extranjeros, mejor no hablar. Porque aquel cuidado hipócrita se ha tornado tan peligoso como sus intenciones. A los poderosos no les gusta la Historia, sobre todo cuando la verdad esconde rincones oscuros y acciones culpables. Difieren en poco las consignas del sanguinario Bashar al Asad. Y no se trata de proteger a los civiles. Al contrario. Los que cuentan los hechos mas objetiva y desapasionadamene son las gentes de la calle; los ciudadanos “neutrales” que presencian los hechos, los aterrados vecinos de la ciudad resistente de Homs (Siria), donde el mando elige al azar los edificios civiles que han de ser desventrados cada día.
Van a permitirme que rinda homenaje hoy a todos los periodistas sacrificados por nosotros, en el joven fotorreportero francés Rémi Ochlik y la veterana periodista estadounidanse residente en Londres, Marie Colvin, herida en varias acciones de guerra, como aquella en que perdió un ojo en Sri Lanka por una emboscada “tamil”, muertos ambos ayer.
Darío Vidal
23/02/2012
martes 21 de febrero de 2012
Resaca de Carnaval

Hablando estos días del pecado de la carne y la inclinación a sucumbir a él por efecto de las prédicas sobre los peligros del Carnaval, se viene a la memoria aquel sabio dominico llamado fray Alberto Magno, que fue teólogo, alquimista, mago hermético, moralista, astrólogo y humanista entre muchas otras cosas, en los aledaños del año mil, y que fue tan agudo que se atrevió a tratar nada menos que de las señales de la pureza en las mujeres, aunque no dijo nada, que yo sepa, de las causas de su litigio y pugna con los hombres.
La mayor parte de las agresiones y sevicias, de los castigos e intrigas que sufren y se administran hombres y mujeres actuando de verdugos o de víctimas en el diálogo del amor o la tortura, tienen su origen en los celos generados por el señuelo de la atracción, alentado en ocasiones de manera audaz e irresposable por la sospecha y la duda inspirados en la coquetería. Un mecanismo infernal que desencadena muchas veces lo que ahora se da en llamar violencia de género.
En el trance de la fascinación, los machos no rehuyen la confrontación por la competencia si perciben signos de receptividad en la hembra, y acuciados por el instinto primario, actuan irreflexivamente según el patrón descrito para el depredador por Ortega y Gasset, quien sugiere que la única respuesta coherente ante un ser que huye, es perseguirlo. Así el cazador y la pieza, y el hombre y la mujer, desempeñan su destino etológico.
Pero el mito de la virginidad valoró la castidad reglada, aun a despecho del “Amor Cortés”, y los amos de la finca preservaban la ilusión y la prole de merodeadores y juglares, con tan toscos modales como el cinturón de castidad que cuidaba de su propiedad cuando iba de contienda y cabalgada.
Así es que las brujas se aplicaron a reparar carnavales y a veces “virgos fiambres” de los que tanto se burló Francisco de Quevedo, pasando el testigo del fraile en lo de conocer la influencia de los astros sobre el cuerpo humano y el de los animales, y las propiedades de las hierbas y las piedras preciosas. La última noticia que tuve de una sanadora, fue en Hispanoamérica de la mano de una socia que preparaba ungüentos para vender varias veces el material deteriorado. Utilizaban ambas el sigilo, la cautela, el artificio y el secreto, previniendo la indiscreción como en los abortos porque la clientela no tenía buen perder y los hombres podían andar con las pistolas si se ponían bravos.
Pero el tiempo despojó de toda la magia las artes de Celestina, y una vez desvelado el misterio, ya no se impetra el favor de Dios ni las mañas del diablo porque esas labores se han convertido ahora en cosa de cirugía estética y reparadora (válganos Dios) mientras ciertos anti-sistema predican una sugerencia tan falaz como atrayente: “La virginidad produce cáncer: vacúnate”.
Dónde queda, señor, la sutileza del Carnaval.
Darío Vidal
21/02/2012
La mayor parte de las agresiones y sevicias, de los castigos e intrigas que sufren y se administran hombres y mujeres actuando de verdugos o de víctimas en el diálogo del amor o la tortura, tienen su origen en los celos generados por el señuelo de la atracción, alentado en ocasiones de manera audaz e irresposable por la sospecha y la duda inspirados en la coquetería. Un mecanismo infernal que desencadena muchas veces lo que ahora se da en llamar violencia de género.
En el trance de la fascinación, los machos no rehuyen la confrontación por la competencia si perciben signos de receptividad en la hembra, y acuciados por el instinto primario, actuan irreflexivamente según el patrón descrito para el depredador por Ortega y Gasset, quien sugiere que la única respuesta coherente ante un ser que huye, es perseguirlo. Así el cazador y la pieza, y el hombre y la mujer, desempeñan su destino etológico.
Pero el mito de la virginidad valoró la castidad reglada, aun a despecho del “Amor Cortés”, y los amos de la finca preservaban la ilusión y la prole de merodeadores y juglares, con tan toscos modales como el cinturón de castidad que cuidaba de su propiedad cuando iba de contienda y cabalgada.
Así es que las brujas se aplicaron a reparar carnavales y a veces “virgos fiambres” de los que tanto se burló Francisco de Quevedo, pasando el testigo del fraile en lo de conocer la influencia de los astros sobre el cuerpo humano y el de los animales, y las propiedades de las hierbas y las piedras preciosas. La última noticia que tuve de una sanadora, fue en Hispanoamérica de la mano de una socia que preparaba ungüentos para vender varias veces el material deteriorado. Utilizaban ambas el sigilo, la cautela, el artificio y el secreto, previniendo la indiscreción como en los abortos porque la clientela no tenía buen perder y los hombres podían andar con las pistolas si se ponían bravos.
Pero el tiempo despojó de toda la magia las artes de Celestina, y una vez desvelado el misterio, ya no se impetra el favor de Dios ni las mañas del diablo porque esas labores se han convertido ahora en cosa de cirugía estética y reparadora (válganos Dios) mientras ciertos anti-sistema predican una sugerencia tan falaz como atrayente: “La virginidad produce cáncer: vacúnate”.
Dónde queda, señor, la sutileza del Carnaval.
Darío Vidal
21/02/2012
lunes 20 de febrero de 2012
Martes de Carnaval

No entiendo --claro que nadie va entendiendo nada-- que vistamos a los niños de máscaras. Los niños han sido siempre la inocencia, el candor y, sobre todo, la sinceridad. No es cierto que los niños mientan; los niños sólo fantasean. No extrañe oirles decir que tienen un amigo con el que hacen los deberes en casa, ni que hablen con alguien en su habitación. Yo, por no ir más lejos, tenía dos: un tal Antonio y un Fernandito con quienes jugaba y mitigaban mi desamparo de niño solo.
Al niño lo enrolan en el Carnaval sin embozo ni antifaz porque juega a travestirse; el adulto se disfraza para ocultarse y confundir. Se cubre el rostro cuando conoce la tentación y la lujuria como hacían los sumerios hace muchísimos siglos al salir del invierno, y luego los romanos con las fiestas “bacanales” para celebrar al dios de la vendimia y las “lupercales” honrando al dios Pan y al fauno Luperco (“lupus”) azotando a las mujeres con tiras de cuero (“februa”, de ahí febrero) de estos animales, para que se purificasen y fuesen fértiles alternando la dicha con el dolor. Desde ese punto, el gozo primaveral del ocaso del invierno se bifurca a lo largo de la Edad Media hasta el delicado cortejo renacentista veneciano de disfraces fastuosos, que desemboca en el desenfrenado y lúbrico Carnaval de Rio en el Brasil de las escuelas de samba, y la “Rua” tinerfeña de ahora mismo. Y del otro lado, la ruta de la cristianizada Carnestolendas, que proscribe “la carne” en su más amplia acepción y ha representado la tradición mas tosca del libertinaje sexual, desde la clave implícita del lobo, el perro y el cabrón primigenios, se fijó en manifestaciones aparentemente mas ingenuas y alejadas de lo obsceno, como los Carnavales aragoneses.
Al margen del renacer último, en que han desfilado torneadas chicas en biquini con riesgo cierto de neumonía –merece tanto respeto la fantasía como abuchéos el plagio--, siguen prosperando las celebraciones de mayor solera secular, como las que se han consolidado a partir de ritos pre-cristianos como los del Sobrarbe que constituyen un tesoro antropológico valiosísimo, tal que en Boltaña, Jánovas y Broto; el de Bielsa con sus onsos, madamas, caballers, garretas, el ajusticiao Cornelio Zorrilla probablemente añadidos, y sobre todo sus temibles e impresionantes “trangas”, hibridos de hombre y de macho cabrío que remiten seguramente al Neolítico; o el Tenedor de Torla que trae encadenado al buco de Ordesa; el Muyen de Gistain que es ajusticiado el Domingo de Piñata; el Peirot de San Juan de Plan vestido de andrajos y pidiendo para la fiesta hasta su quema en la Plaza mientras los mayordomos y las madamas bailan vigilados por “lo Melitá” para que no se propasen, y El Carnúz de Nerín quemado tras el baile en medio de una gran “esquillotada”. Todo un repertorio de castos Carnavales, o no tanto, y chivos expiatorios que demandan estudios e interpretación antropológicos.
Darío Vidal
20/02/2012
jueves 16 de febrero de 2012
Jueves Lardero

Dios quiera que los ajustes, la retracción económica y la hipertrofia de las primas de riesgo no nos lleven a valorar como excepcional un condumio con avío de morcillas, tocino y un tajo de magro. Un proverbio advertía en Caspe que “en Jueves Lardero, longaniza en el puchero”. Y a 30 kms. mal contados de la Ciudad del Compromiso, en Alcañiz, se aprestaban al ayuno como lo hacen aún ahora, con una merienda en el campo comiendo una “bolleta" --o pan de bollo pequeño-- simplemente con longaniza, tinto recio y olivas nuevas, desperdigados entre la ginesta, el muérdago, el romero, el tomillo, el hinojo y la ajedréa, confundidos en el holgorio, el tumulto y la fiesta, pero recatándose de vulnerar el sexto mandamiento ni tropezar en el noveno. Solo los viejos pecaban de gula en aquella jornada implícitamente lúbrica.
Esta fiesta por fortuna aún viva en el Bajo Aragón se llama “Jueves Lardero” con un acento antiguo y medieval que evoca el “lardo” del cerdo, la grasa y la substancia, como en otro lugares “Jueves Gordo” y en la frontera lindante con Cataluña “Dijous Gras” que es lo mismo. En Alcañiz sin embargo se le llama “Día del Choricer” aunque no suele comerse chorizo sino longaniza. Y en algunos lugares se juega con el equívoco de que quien luce una porción más abundante es porque esta mejor dotado, acaso por aquello de que “de lo que se come se cria”.
Así es que los zagales porfían –o porfiaban-- por llevar longanizas más largas, prietas y apetecibles. Claro que luego tenía que comerselas cada cual sin rechistar ni empacharse. Y eso ponía freno a muchas fanfarronadas.
La entrada en el tiempo litúrgico de Cuaresma, con las imágenes y “los santos” de las iglesias tapados con crespones morados, la voz queda, los gestos adustos, el tañido lúgubre de las campanas que en ciertos lugares se suplía con cajas –“las cajas destempladas” de las ejecuciones-- y el clima contenido de contricción y penitencia de la piadosa gente llana, suponía adentrarse en el abismo proceloso y temible de las Postrimerías –muerte, juicio, infierno o Gloria--, en que los hombres no entraban a los bares mudos de música, evitaban el consuelo de las jotas y se abstenían de penetrar en lugares de esparcimento y retozo, como se guardaban de tener comercio con sus próximas, aunque mediase el sacramento. Recuerdo, como todos los que fueron niños en mi edad, el revuelo de negras alas demoniacas y el tufo de azufre que nos poseyó la tarde de un Jueves Santo en que se perdió un ánima descarriada y pecadora al caer fulminada sobre el lecho en una casa de mala nota. Fue una jornada en que se sintió revolotear a Lucifer entre los apagados murmullos, y las gentes piadosas --descuidadas de toda cautela incluso con los niños-- rezaban para que hubiese tenido tiempo de arrepentirse de aquel horrendo sacrilegio. El espectáculo reclamaba un narrador como Buñuel.
Darío Vidal
16/02/2012
Esta fiesta por fortuna aún viva en el Bajo Aragón se llama “Jueves Lardero” con un acento antiguo y medieval que evoca el “lardo” del cerdo, la grasa y la substancia, como en otro lugares “Jueves Gordo” y en la frontera lindante con Cataluña “Dijous Gras” que es lo mismo. En Alcañiz sin embargo se le llama “Día del Choricer” aunque no suele comerse chorizo sino longaniza. Y en algunos lugares se juega con el equívoco de que quien luce una porción más abundante es porque esta mejor dotado, acaso por aquello de que “de lo que se come se cria”.
Así es que los zagales porfían –o porfiaban-- por llevar longanizas más largas, prietas y apetecibles. Claro que luego tenía que comerselas cada cual sin rechistar ni empacharse. Y eso ponía freno a muchas fanfarronadas.
La entrada en el tiempo litúrgico de Cuaresma, con las imágenes y “los santos” de las iglesias tapados con crespones morados, la voz queda, los gestos adustos, el tañido lúgubre de las campanas que en ciertos lugares se suplía con cajas –“las cajas destempladas” de las ejecuciones-- y el clima contenido de contricción y penitencia de la piadosa gente llana, suponía adentrarse en el abismo proceloso y temible de las Postrimerías –muerte, juicio, infierno o Gloria--, en que los hombres no entraban a los bares mudos de música, evitaban el consuelo de las jotas y se abstenían de penetrar en lugares de esparcimento y retozo, como se guardaban de tener comercio con sus próximas, aunque mediase el sacramento. Recuerdo, como todos los que fueron niños en mi edad, el revuelo de negras alas demoniacas y el tufo de azufre que nos poseyó la tarde de un Jueves Santo en que se perdió un ánima descarriada y pecadora al caer fulminada sobre el lecho en una casa de mala nota. Fue una jornada en que se sintió revolotear a Lucifer entre los apagados murmullos, y las gentes piadosas --descuidadas de toda cautela incluso con los niños-- rezaban para que hubiese tenido tiempo de arrepentirse de aquel horrendo sacrilegio. El espectáculo reclamaba un narrador como Buñuel.
Darío Vidal
16/02/2012
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martes 14 de febrero de 2012
Concordia y Compromiso

Se cumplen seiscientos años (1412 a 2012) de dos hechos relevantes de nuestro pasado que no se han elevado a los altares de la Historia porque afortunadamente no se tiñeron de púrpura. Y ya se sabe que nada merece una mención honorable entre nosotros si no está tinta de sangre.
Aunque fue la cordura, el aplomo, la sensatez, el “seny” y el debate parlamentario sosegado lo que permitió configurar a España tal como es, ya en el siglo XV, evitando que se fracturase la Corona de Aragón. Un ejemplo político, no ya para aquella temprana edad, sino incluso para nuestros días.
El caso es que a la muerte de Martín I el Humano sin descendencia, en 1410, los aragoneses hubieron de elegir sucesor atendiendo a los méritos dinásticos de seis pretendientes propuestos por los nobles, los ricos homes y el clero. Los candidatos fueron Fadrique de Luna , bastardo de Martín de Sicilia, legitimado por el Papa Benedicto XIII; Jaime II de Urgel, biznieto de Alfonso IV; Alfonso de Aragón y Foix, conde de Denia y Ribagorza, Marques de Villena y Duque de Gandía; Luis de Anjou, nieto de Juan I de Aragón; Juan de Prades, hermano del duque de Gandía, y Fernando de Trastámara, el de Antequera, nieto de Pedro IV e infante de Aragon.
Cabe imagiar la lucha de intereses de linaje, políticos y económicos que entraban en liza, y pronto se produjeron grandes disturbios en Aragón, ya que el Conde de Urgel se propuso dirimir el litigio por las armas con la complicidad de los gascones y los ingleses. Pero la diligente reacción de las Cortes reunidas en Alcañiz abortó la guerra civil decidiendo que se reunieran tres compromisarios por cada reino, de acuerdo con una bula pontificia del Papa Benedicto XIII, para debatir en justicia los méritos de cada uno de los aspirantes, según la última voluntad expresada al consejero barcelonés Ferrer de Gualbes, por el Rey, en su lecho de muerte.
El 15 de febrero de 1412, aragoneses y catalanes firmaron la Concordia de Alcaniz en ausencia de los valencianos, acosados por el de Urgel hasta ser derrotado en Murviedro, suscribiendo tambien la Concordia el 27 de marzo de 1412, y vinculándose a elegir nueve compromisarios, tres por cada territorio (Aragón, Cataluña y Valencia) para que llegasen a un acuerdo sobre la idoneidad del mejor monarca,
El 22 de abril de 1412 se iniciaron las deliberaciones en Caspe por deseo del valenciano Vicente Ferrer, y dos meses depués, el 28 de junio, fue proclamado Fernando de Trastámara como Fernando I de Aragón con los tres votos de Aragón, dos de Valencia con una abstención, y uno de los catalanes, que emitieron dos votos para el Conde de Urgel, asesino del arzobispo de Zaragoza, García Fernández de Heredia.
El 5 de agosto, el nuevo Rey juro los fueros en la Seo de Zaragoza pero perdimos dos lenguas: el aragonés y el occitano.
Darío Vidal
14/02/2012
Aunque fue la cordura, el aplomo, la sensatez, el “seny” y el debate parlamentario sosegado lo que permitió configurar a España tal como es, ya en el siglo XV, evitando que se fracturase la Corona de Aragón. Un ejemplo político, no ya para aquella temprana edad, sino incluso para nuestros días.
El caso es que a la muerte de Martín I el Humano sin descendencia, en 1410, los aragoneses hubieron de elegir sucesor atendiendo a los méritos dinásticos de seis pretendientes propuestos por los nobles, los ricos homes y el clero. Los candidatos fueron Fadrique de Luna , bastardo de Martín de Sicilia, legitimado por el Papa Benedicto XIII; Jaime II de Urgel, biznieto de Alfonso IV; Alfonso de Aragón y Foix, conde de Denia y Ribagorza, Marques de Villena y Duque de Gandía; Luis de Anjou, nieto de Juan I de Aragón; Juan de Prades, hermano del duque de Gandía, y Fernando de Trastámara, el de Antequera, nieto de Pedro IV e infante de Aragon.
Cabe imagiar la lucha de intereses de linaje, políticos y económicos que entraban en liza, y pronto se produjeron grandes disturbios en Aragón, ya que el Conde de Urgel se propuso dirimir el litigio por las armas con la complicidad de los gascones y los ingleses. Pero la diligente reacción de las Cortes reunidas en Alcañiz abortó la guerra civil decidiendo que se reunieran tres compromisarios por cada reino, de acuerdo con una bula pontificia del Papa Benedicto XIII, para debatir en justicia los méritos de cada uno de los aspirantes, según la última voluntad expresada al consejero barcelonés Ferrer de Gualbes, por el Rey, en su lecho de muerte.
El 15 de febrero de 1412, aragoneses y catalanes firmaron la Concordia de Alcaniz en ausencia de los valencianos, acosados por el de Urgel hasta ser derrotado en Murviedro, suscribiendo tambien la Concordia el 27 de marzo de 1412, y vinculándose a elegir nueve compromisarios, tres por cada territorio (Aragón, Cataluña y Valencia) para que llegasen a un acuerdo sobre la idoneidad del mejor monarca,
El 22 de abril de 1412 se iniciaron las deliberaciones en Caspe por deseo del valenciano Vicente Ferrer, y dos meses depués, el 28 de junio, fue proclamado Fernando de Trastámara como Fernando I de Aragón con los tres votos de Aragón, dos de Valencia con una abstención, y uno de los catalanes, que emitieron dos votos para el Conde de Urgel, asesino del arzobispo de Zaragoza, García Fernández de Heredia.
El 5 de agosto, el nuevo Rey juro los fueros en la Seo de Zaragoza pero perdimos dos lenguas: el aragonés y el occitano.
Darío Vidal
14/02/2012
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