lunes, 29 de junio de 2015


RESACA DE ELECCIONES

Queda anticuado y démodé hablar de Las Izquierdas y Las Derechas; casi tanto como de izquierdas y derechas sin artículos y a secas. Se está viendo estos días y en los últimos comicios, que tanto “Ciudadanos” como “Podemos” parecen haber querido trascender las etiquetas, porque a los electores se les han quedado estrechas las costuras decimonónicas. La exigencia de regeneración moral no es ya una demanda retórica restringida al penitencial periodo electoral. Quienes no lo hayan entendido todavía van a tener que comprenderlo a su pesar.
Los ciudadanos de uno y otro color, burlados por líderes como el señor Rajoy que trazó una actuación radicalmente opuesta al programa que propuso el Partido Popular, no pueden olvidar que han perdido sus casas por la torcida acción concertada de los legisladores, los jueces, el gobierno y la banca, que han utilizado el desahucio arbitrario, inducido o provocado –“y en diferido” como gustaría definir la señora Cospedal al abuso de pagar toda la vida una deuda ya satisfecha-- como saben mis amigos José Luis Martínez Candial, Manuel Pizarro y Juan Alfaro Ramos director general adjunto de Ibercaja, de los que un día hablaré para regocijo del respetable, o los “damnificados” que no pueden sobrevivir con su sueldo, si lo tienen, y que han sido engañados con las estadísticas manipuladas por la propaganda urdida por los asesores y los “brujos” más mediocres.
La izquierda ya no se dedica al “tiro al cura”, a hacer leña de las estatuas y a quemar libros, porque el discurso retórico e incendiario ha dejado de dar juego en las tabernas. Pero como no sabe qué hacer, opta por actividades más lúdicas y testimoniales, aunque menos expuestas, como la de apoyar las arriesgadas campañas de “Femen”(“Ni puta ni santa”, “Vade retro ProVida”, “Dios es mujer”, “Jódete Sharia”, “Aborto sagrado”, “Fuera de mi coño”, “Muerte a la patria”, “Mi cuerpo es libre”...) y auspiciar las uniones de ellos con hombres, ellas con mujeres y todos con bichos, sin preocuparse del destino de miles de personas –y personos-- abandonados a su suerte en el mar por criminales sin conciencia, --a bordo de pateras o buques averiados y semihundidos--, sin combustible, sin agua y sin víveres para que se mueran sin que los mate nadie, mientras dicen apoyar a los palestinos, porque la derecha defiende a los “sionistas”.
Entretanto, la derecha caciquil y montuna, o sea la paleoderecha de rosario y horasanta, consiguió que los obreros votasen al patrón que vetaba a los empleados incómodos y escamoteaba jornales, y quitaba concejales y ponía alcaldes con la coartada del Orden. Pero con la globalización, ganó en omnipotencia y hoy la industria agropecuaria esteriliza semillas silvestres --que son las de siempre--, para imponer las de su firma, con fertilizantes propios, del mismo modo que las agencias de calificación crediticia se han instalado en el fraude delictivo, aprovechando el descrédito del patrón-oro para que la bolsa genere crisis artificiales que benefician a unos pocos. Dicho burdamente, en esa falta de confianza se cimentan por decirlo impropiamente, las carencias éticas de nuestros días.
Al amparo del relativismo moral, la industria al servicio de la rapiña ha convertido a las armamentistas en empresas para matar, al tiempo que alistaban mercenarios civiles para la Guerra de Iraq. Lo mismo que las farmacéuticas de Bush jr. y Rumsfeld crearon la “Gripe A” y transmutaron en clientes a los pacientes que podrían sanar y no se curan para que nunca terminen de morirse, como denuncia algún medio de comunicación; fijan arbitrariamente los precios injustos; administran la salida al mercado de productos ineficaces, y retrasan la investigación hasta exprimir los últimos posos del beneficio. Y ciertos accionistas del capitalismo más turbio y delictivo, descienden a la sentina de barcos desfondados, con pistoleros, narcotraficantes y gobiernos, para eliminar a “los que sobran”.
En esta jornada de resaca de elecciones, en la que dicen los analistas y los expertos que va a cambiar todo en España –¡que sea para bien!-- me conformaría con que se restaurase la honorablidad de las instituciones, la respetabilidad de las personas y la credibilidad del vecino, no porque vayamos a creer que a partir de hoy ataremos los perros con longanizas, sino porque es tarea imprescindible y urgente ahuyentar el recelo en el trato con los otros. Sin anudar la confianza no es posible sobrevivir: mirando de reojo no es posible concertar acuerdos, hacer tratos, prestar dinero, comerciar y creer en los demás. Dicen que, en tiempos de los abuelos bastaba con la palabra; luego los acuerdos se sellaban con un apretón de manos, y ahora han dejado de tener valor hasta los documentos firmados, los contratos, las letras de cambio y el patrón-oro. Sin confianza no es posible ningun tipo de intercambio. Como cuando decíamos antes de la crisis del ladrillo que esto no podía seguir así. Y no siguió.
Debo recordar la firme palabra de la anticuaria Carmen Valencia “La Lela”, que por cierto no era lerda y sí exigente y estricta en la negociación, cuando al cerrar un trato, alguien le ofreció más de lo que habíamos pactado y se negó porque no tenía más que una palabra.
No es una muestra de caballerosidad y gentileza solamente: es el cauce para iniciar confiadamente la regeneración que nos urge.
Es la primera premisa para confiar en los políticos.

Darío Vidal
26 / 05 / 2015

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