lunes, 30 de marzo de 2009

PARTE DE BAJAS


¿Recuerdan la historia de los pintores? Pues bien, se ha iniciado el recuento provisional de bajas. Ha muerto una pequeña escultura de terracota que adoraba, y una cerámica de Lladró tal vez ñoña pero muy querida ha quedado malparada. Algunos cuadros han tenido desperfectos: un bellísimo óleo de Grau-Santos que preside el salón y es uno de mis preferidos ha sufrido un craquelado en el centro del terso cielo estival, y la mayor parte de los marcos tienen dañadas las molduras. También hay más de una veintena de libros desaparecidos, aparte de otros que ignoro si están, porque no los he necesitado.

Hay más cosas de menor cuantía pero me interrogo por los motivos de tal devastación. Me había olvidado ya de otras veces, pero creo que en esta ocasión los daños no pueden compararse. Con alguna reflexión, daríamos en las raíces inmediatas. Descubriríamos falta de pundonor, de voluntad y de ganas; carencia de vocación --o de afición si preferimos restar solemnidad a las palabras-- y como consecuencia, ausencia de esmero. Antes los mozos hacían un largo noviciado desde el aprendizazgo a la maestría para poseer los secretos del oficio y aguantaban advertencias, repeticiones, sermones y algún capón de los maestros, con la certeza de que habían elegido el mejor de los caminos; creían como los hombres Alfa, Beta y Gamma del Mundo Feliz que eran la pieza angular de la comunidad y sentían orgullo. Por eso padecían cada error como un desdoro. Ahora no les importa –no nos importa-- un comino. Lo que importa es otra cosa; hoy el último monigote quiere saber antes de nada cuánto se cobra. Así es que en eso estamos.

Puesto que están así las cosas podríanos educar –y reeducarnos-- negando los estipendios hasta que la cosa estuviese niquelada. Pero no lo hacemos. Sin duda alguna, habrían de pagarme por los desperfectos mucho más que yo por la pintura. Pero he abonado la factura sin rechistar. Prefiero que se vayan cuanto antes y desahogarme a solas y sin riesgo de agredirles a medida que vaya descubriendo calamidades. Eso sí, van muy deprisa. Es más fácil destruir que construir. Y ahora que me acuerdo, no les había dicho otra cosa: casi todas las veces que he mudado un cuadro, al clavar se han desprendido de la pared rebanaditas, costras y postillas de pintura que no pinta.

No son pintores, son unos chapuceros ignorantes que no saben preparar una superficie para recibir el color. Aunque tal vez nos pasa lo mismo a nosotros.

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domingo, 29 de marzo de 2009

HABLAMOS DEL INFIERNO


No sabemos si estamos en el peor o el mejor tiempo. Una época habitada por los hombres ha debido estar siempre teñida por sus miserias y sus crímenes. Lo digo por esa alimaña detestable a la que llaman Miguel Carcaño y por las otras muchas que contaminan el aire que respiran atentando contra sus iguales.

Ignoro si el tiempo pasado fue mejor. Que lo dudo. Solo que en otras épocas los sucesos estaban teñidos de misterio y poblados de brujas, de fantasmas, de aparecidos, y aún del mismísimo demonio que venía a llevarse al infierno en carne mortal a los malos, y ahora conocemos en su desnuda sordidez el lado más oscuro de los hombres. Son maneras distintas de terror. Aunque ahora hayan acuñado esa voz para su comercio exclusivo los terroristas profesionales. Si bien idearon el vocablo los de la secta de los “assasins”, que tenían que demostrar haber terminado con algun semejante para ingresar en la honorable cofradía. Así es que, como decían los latinos “nihil novum sub sole”.

Si alguien piensa que el infamante maltrato a las mujeres y a los niños es una invención de nuestros días, como las sevicias de ciertas mujeres a sus compañeros, se equivoca. Lo mismo que la nauseabunda práctica paidófila con los niños. Pero cuando menos, ahora esa basura se airea al sol aunque impregne el aire de irrespirable fetidez. Sin embargo quiero creer que poco a poco vamos mejorando, aunque quede trecho por recorrer.

No obstante, aunque en la esfera de lo individual tal vez se note algún progreso, soy más pesimista en cuanto a quienes establecen el imperio del Infierno en la tierra. Nabucodonosor evaluaba sus triunfos contando los cestos llenos de los prepucios de los vencidos, aunque fueron peores con sus pueblos Calígula y Nerón, por no hablar de un personaje tan estremecedor y sanginario como Vlad Draculae III de Transilvania, “voivoda” de Valaquia, hijo de un caballero de la Orden del Dragón (Dracul) creada para repeler en su origen a los turcos. Si bien su descendiente no hizo distinciones entre moros y cristianos, y mereció el apodo de “Tepes” (El Empalador) y de “Hijo del Diablo” porque, en rumano, “dracul” expresa ambos conceptos. Pero no le anduvieron a la zaga, en pleno siglo XX, Hitler y sus campos de exterminio, Stalin y su Gulag, Videla con la Escuela de Mecánica de la Armada y los vuelos sin retorno sobre el Atlántico, el siniestro Pinochet haciendo de Chile un camposanto amedrentado, y Pol Pot artífice del régimen genocida camboyano, y Nicaragua, y el exterminio de amerindios en Centroamérica, y la persecución de aborígenes en Brasil mientras arrasan sus tierras, y la devastación de los indios “misquito”, y la vergüenza de Guantánamo, y el horror de Abú Ghraib, el penal construido por Sadam Husseín y convertido en centro de tortura por un fantoche grotesco que hizo posible el soñado esperpento cinematográfico de “Forrest Gump”, el ignaro George Bush erigido el liberador de los iraquíes mientras los acababa.

Pero no es preciso ir tan lejos. Una tierra más próxima a nuestro corazón y al sentimiento como la Guinea Ecuatorial, provincia de España como Salamanca o Tarragona hasta 1968, aunque algunos lo hayan olvidado y otros lo ignoren gracias al cuidado minucioso que los sucesivos gobiernos ponen en que desconozcamos nuestra Historia, se halla sometida al terror en el olvido. Por eso hablamos del Infierno.

A la ex Guinea Española, abandonada apresuradamente a su suerte en 1968 tal vez para que no se destapasen en lo último del régimen los negocios de allegados y ministros del Generalísimo, la metimos --metieron-- en la representación de una parodia de Democracia auspiciada por la potencia colonizadora que ni la gozaba ni creía en ella, y la depositamos en manos de Francisco Macías, un asesino paranóico que atemorizaba a la gente, del que la liberó un joven militar, sobrino suyo, educado en la Universidad del Opus de Pamplona y en las Academias Militares de Zaragoza y Toledo. Se llamaba Teodoro Obiang Nguema y representaba la esperanza de la nación recién creada.

Hago gracia al lector de las andanzas de esta jóven promesa y de la persecución a sus opositores políticos, del acoso a los partidos que han claudicado poniendo en sus presidencias o sus secretarías generales a miembros de su propio clan o su familia; obviaré el pasteleo, los enjuagues y los crímenes que han dejado un rastro de desaparecidos, presos, exilados y huidos. Aunque suene a broma, el tirano ha asumido la representación de la Providencia ya que desde el año 2003 dice tener contactos diarios con el Todopoderoso que le guía, así es que no puede pecar, haga lo que haga, y además los guineanos le pertenecen. De modo que a la piadosa comunidad cristiana no le queda ni el consuelo de que el Señor le pida cuentas. Y no se rían del disparate porque es cierto, pese a que Aznar y Zapatero le acojan y rían sus gracias, haciéndonos cómplices de su culpa. Por eso quiero hablarles del Infierno.

Desde que este salvador accedió al poder hace 29 años, ha sido asesinada el 10 por ciento de la poblacion, no contando desaparecidos, detenidos ilegalmente sin juicio o torturados, no olvidando que la tortura comprende dislocaciones, luxaciones de miembros, fracturas de huesos, mutilaciones, violaciones, sesiones de descargas eléctricas en los genitales y desgarro de vaginas con tenedores, entre otras prácticas. Por supuesto arbitrariamente y para mantener activa a la policía. Pero no queda ni el consuelo de irse a curar porque, ademas de carecer de Seguridad --¿contra quién?--, de Educación --¿para qué?-- y de Justicia –innecesaria--, carece también de Sanidad. El único hospital del que dispone es el desvencijado de Malabo, siempre que se pague la asistencia por adelantado y se aporten las medicinas, las jeringuillas, los anestésicos, los bisturíes, el colchón, las sábanas y la comida. Asi se está como en casa, que es lo que desean todos los enfermos.

Pero nadie piense que Guinea es pobre, aunque haya caido en la avaricia insaciable y enfermiza de los Obiang. Guinea posee la reserva de petróleo más importante de África y produce 400 mil barriles diarios por los que la familia Obiang percibe los derechos de extracción de los gobiernos estadounidense y chino así como los de licencia de las compañías, y los trabajadores nativos ajenos al clan pagan a la familia una parte aleatoria de su sueldo; asimismo exporta al año un millón de metros cúbicos de maderas preciosas taladas en sus bosques, lo que constituye un expolio criminal e irresponsable de la selva virgen. Pero no satisfechos con ello, sus dirigentes han convertido el territorio en el centro del tráfico de drogas de África Occidental. Pese a ello la esperanza de vida es de solo 43 años porque el 80 por ciento de la población sobrevive con solo 20 euros al mes y carece de recursos sanitarios como hemos visto. Por contraste, la familia del presidente Teodoro Obiang atesorea el 98 por ciento de la renta nacional. El chantaje, la amenaza, el saqueo, el robo y el asesinato les ha permitido hacerse con las mejores fincas, atesorar las mas apetecibles propiedades y poseer todos los terrenos edificables y de valor turistico en las islas y el continente.

Teodoro Obiang Nguema, “el Jefe” como le llaman, se puso a la tarea de procurarse un patrimonio en cuanto accedió al poder, para no tener que exilarse de madrugada con una mano delante y otra detrás, cuando fuese a sucederle lo que a su tío Francisco Macías. No confiaba en aguantar tanto, pero durará si nadie se le impide hasta decalvar todos los bosques y sorber hasta la última gota de la dulce Coca-Cola del subsuelo. Continuará porque es muy querido: fíjense hasta que punto, que en las últimas elecciones ganó con el noventa y nueve y medio por ciento (99'5%) de los votos. Una coincidencia que habla contundentemente de la popularidad de El Jefe.



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miércoles, 25 de marzo de 2009

JUDICATURA FRANQUISTA

Con eso de la Justicia no salimos de sobresaltos. Apenas nos recuperamos de uno y ya estamos inhalando sales para no privarnos de nuevo. Y el nuevo Consejo General del Poder Judicial “El Desado” nos deja estupefactos pero no al modo que Salomón. El Colchón del Poder Judicial es un marro que garantiza la impunidad de los señores magistrados. “¡Usted no sabe con quien está hablando!” ¿Les suena de algo?

Los jueces se han instalado no en la moral de la ejemplaridad sino en la excepcionalidad del privilegio. Desde una estricta exigencia ética, debería corresponderle más castigo al que vulnerase la norma desde el rango más elevado, de modo que a un rústico torpe e iletrado se le juzgase con más benignidad que a una “persona con estudios y posibles”. No digamos ya si se trata de un juez, que comparte con Dios su condición sobenatural. Pero no es así. Al pobre diablo se le amedrenta con aquel principio abrumador de que “La ignorancia de la Ley no exime de su complimiento” con lo que se le instala en la mas constreñida autocensura y sin saber nunca qué hacer, con lo que es explicable que haga lo que le de la gana.

Pero ya ven, el Consejo General (Franco) del Poder Judicial se conmueve invariablemente ante los pecados de los del clan, que no van a ser como los otros. “Usted no sabe con quién está hablando”.

No se si se acuerdan de la Ilustrísima Señora Doña María Silvia López Mejía, jueza de Instrucción de Barcelona, quien al parecer iba pimplada como se comprobó luego y se negó a someterse a un control de alcoholemia a la altura de Sant Cugat del Vallés, después de pedir los números de todos los agentes manifestando que era juez, que venía de trabajar, que estaba cansada y que la dejaran en paz. La señora solicitó en tono amenazador que le leyeran sus derechos. que estaba deseando que los de Tráfico de Sabadell pasasen por su juzgado y que a partir de ahora no creería sus atestados y pondría trabas a los asuntos que entraran en su despacho.

Mas el Consejo General no ha apreciado en su comportamiento ni exceso de autoridad, ni amenazas, ni intimidación, ni abuso de su condición de jueza, ni falta grave de consideración a los policías. Nada. Asi es que la comisión disciplinaria del Organo de los jueces ha rebajado a falta lo que podría haber sido un delito y ha remitido el papelorio a sus colegas de Barcelona. Igual que los casos de ineficacia, negligencia, descuido, pigricia o algo peor que se vienen aireando cada día en la más completa impunidad. “¿Pero sabe usted con quien esta hablando? ¡Pues acabáramos!”




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jueves, 19 de marzo de 2009

AUDAX IGNORANTIA


A veces suceden estas cosas. Sobre todo si se comete la imprudencia de no saber con quien hablamos. (“¡Fíjate que saco de patatas!” “Es mi madre”). Por eso los políticos hacen bien cuando, antes de reunirse a hablar con un cristiano, hacen por saber de quien se trata. (“Qué revolcón tiene esa jai” “Yo soy homosexual”. “¡Bueno yo también un poco!”) Es una precaución de prudencia elemental. Pero el señor Zapatero, que parece estar en Belén con los pastores, lanza las opiniones, las promesas, las palabras y las invitaciones sin paracaidas. Y, claro, si dice que los pueblos y las culturas tienen que vivir hermanados en el amor de Dios, los concurrentes pueden ponerse la sonrisa de los buenos deseos y obviar la realidad cruda. Pero si el invitado ha sido invitado en calidad de experto y opina que la crisis va a agravarse en España más que en el resto de Europa, no puede decir lo opuesto para no contrariar a su anfitrión, porque no está dispuesto a faltar a la verdad, porque no le da la gana venderse por cuatro euros y porque está en juego su prestigio.
Y este es el cuento del presidente Rodriguez Zapatero y el Nobel de Economía Paul Krugman. De modo que mientras el primero afirmaba en el “Foro Innovae” con su voluntarismo enternecedor, que las medidas que el Gobierno español había adoptado en los últimos meses con el Plan-E, la inversión en I+D+i y las lineas del ICO nos ponen a la cabeza europea de la recuperación, el señor Krugman calificaba de “aterradoras” las perspectivas económicas del Continente y de nuestro país en particular. Hemos agotado la munición convencional, vino a decir, y necesitamos una respuesta sin precedentes, imaginativa, audaz, novedosa, drástica y dolorosa. “España podría amortiguar su vertiginoso declive incrementando la productividad e innovando, pero es impresionante que resulten ya demasiado optimistas las previsiones del FMI que calculaban un decrecimiento del 1'7%”.
Sin embargo ZP, ese estusiasta “boy scout”, sigue creyendo con voluntad de medallista que querer es poder, lo que puede ser cierto para un individuo pero no para un colectivo. No es consciente, según creo, de que vamos a despeñarnos por la catarata hasta el abismo. No lo creo capaz de tal crueldad. Pero si es culpable de una providencialista inconsciencia –él que es agnóstico-- capaz de contradecir sin turbarse los argumentos de un eminente experto, como el premio Nobel de Economía, que es susceptible de equivocarse, pero que atesora conocimientos, experiencia y herramientas que le hacen más fiable. Estamos, como siempre, ante la audacia de la ignorancia.


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miércoles, 18 de marzo de 2009

LA BURLA DEL GUADALQUIVIR


Ayer, “El monstruo de Amstetten” en la Bja Sajonia; hoy, el criminal precoz de Andalucía. Aquel, con el peso de varias existencias truncadas por la maldición del incesto; este, con el asesinato de su novia adolescente porque, al parecer, no quería seguir adelante con la relación.
El austriaco fue detenido porque quiso, sin quererlo, al apiadarse de uno de sus hijos secuestrados que se puso enfermo y consintió en que fuese al médico. Tal vez se hallaba hastiado de sus 74 años de disimulos y cautelas, y un atisbo de conciencia le impulsó sin saberlo a purgar sus culpas.
Sin embargo el confeso malhechor sevillano Miguel Carcaño, ahora inconfeso porque dijo ayer que él no mató a Marta del Castillo sino “El Cuco” de solo 15 años, ha ampliado el enredo declarando que tampoco arrojó con sus compinches el cadáver de la niña al Guadalquivir como había dicho sino a un contenedor de basuras. Parece que al pollo está comenzando a divertirle el juego y, mientras se hace famoso, intenta ganar tiempo, rebajar las penas, embrollar a la policía, confundir a los jueces y burlar a Sevilla entera, confusa por la atrocidad del suceso.
No se si alguien ha calculado los millones invertidos en la prolongada búsqueda a lo largo y ancho del río con brigadas de hombres, perros de la policía holandesa adiestrados en la búsqueda en el agua, y equipos de buceo, lanchas y dragas, pero se me antoja intolerable esta tomadura de pelo. Una tomadura de pelo que le sale gratis en pena y en dinero porque pagamos nosotros y está reduciendo la condena en el caso de que no se encuentren los restos de la muchacha. Mala es la actuación de jueces y policías si, en lugar de investigar honestamente, fabulan sucesos para imputar a gentes como “El Lute” o tantos anónimos paganos como arrastran sus cadenas en el corredor de la muerte, pero va a ser hora de calibrar seriamente con quién nos las habemos cuando tratamos con asesinos. Si malo es el rigor infundado sin apostar por el garantismo hasta sus últimas consecuencias, es malo también el “buenismo” gratuito y adánico que hace vulnerable a la sociedad y premia las hazañas de los malandrines hasta reducir a la indefensión a la gente de bien.
De este modo ha ido prosperando el tal Carcaño, licenciado en licencias, en fechorías no tan nimias finalmente, y alguna otra andanza que hacía prever empeños de mayor fuste. El caso es que todo el dispositivo de búsqueda se ha desplazado hasta el vertedero de Montemarta –qué sarcasmo-- en Alcalá de Guadaira y vuelta a empezar. Y de pronto parece surgir la sombra de un adulto que pudiera estar en la raíz de todo el asunto.
Lo cierto es que el juez, la policía y el paisanaje estamos haciendo el ridículo con este joven director de orquesta.


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martes, 17 de marzo de 2009

EL ÍNCUBO DE AMSTETTEN


No sé si recuerdan a aquel tipo que andaba alardeando, con otro, de los lugares que había conocido. “Yo he estado en Laos tres veces”. “Pues yo por lo menos cuatro o cinco”. “Y en Tailandia, dos”. “Yo también”. “Y en Dubai, una vez”. “Pues yo....una, o ninguna”.

Me sugiere este chiste tonto, un suceso nada risible: el juicio que se iniciaba ayer en la Baja Sajonia contra un electricista de 74 años, Josef Fritzl el llamado “Monstruo de Amstetten”, por el incesto, violación reiterada con amenazas desde los once años de una de sus hijas, Elisabeth, ahora de 42, con la que engendró siete vástagos, uno de los cuales murió por falta de asistencia médica, por lo que es acusado también de esclavitud y secuestro en un sótano de cuarenta metros, bajo el jardín de su vivienda, de su hija violada y tres de sus hijos nietos. Una pesadilla: un tenebroso relato entre Sade y Lovecraft ideado por un criminal rijoso, incontinente, desalmado y carente de piedad, porque hasta un torturador profesional se hubiese condolido, cuando menos, de sus seres más cercanos.

Lo risible es que digan ahora que podrían condenarlo a diez años o a cadena perpetua. Eso es lo que me ha traido al recuerdo el chiste del que no sabe si ha estado en un lugar una vez o ninguna. ¿Cómo que diez o cien años? ¿Cómo puede quedar impune la muerte y cremación en el horno de un bebé, aunque la primera fuera por negligencia, y el niño no hubiese sido propio?

Pero la muerte de un bebé enfermo no es comparable, pese a su carga emotiva, con el miedo cotidiano, con el terror nocturno, con el asco, la desesperación, la impotencia, el sentimiento de suciedad y de culpa de una criatura asediada desde los once años por su padre y encerrada en un “zulo” a los dieciocho, como una bestia en la cuadra, como una cerda en la zahurda, como una máquina de fornicar, como una cosa, para satisfacer el apetito y los caprichos carnales de un pederasta lascivo –de los que no conoceremos el detalle por fortuna--, de un obsceno adulto incestuoso y adúltero, de un íncubo libidinoso y un sátiro butiondo y salaz. ¿Y el precio por todo? Diez añitos. Acaso algo más: pongamos que cien.

No hablaré de la vida porque nadie, ni los hombres ni el Estado, están por encima de ella. Pero sí diré que no hay existencia con que pagar la alegría marchita de una niña de once años, el encierro de una jovencita de dieciocho, y el encarcelamiento –encarcelamiento sin patio, sin salidas de fin de semana, sin contacto con los otros y sin esperanza-- de una mujer de cuarenta y dos. Toda una vida sacrificada al capricho de un príapo arrecho y brutal. Como la existencia lúgubre y quebrantada de sus nietos-hijos y la ignorancia inaudita de su esposa legal y sus vecinos.... Qué sórdido silencio.


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lunes, 16 de marzo de 2009

OBSTINACIÓN


No se si alguna vez han sentido el deseo de subirse a lo más alto de la casa y tirar con todas sus fuerzas el ordenador a la calle. Yo sí. Y muchas veces no me comunico con ustedes porque no me deja.

Los que llegamos al mundo antes que este ingenio magnífico, omnisciente, sabio, arrollador, invasivo e insufrible por su soberbia vocación de infalible (“ha cometido un error inenmendable”,”no se encuentra”,“reinicie”, “entrada fallida”, “datos incompletos”, “datos erróneos”) imagino que sufrimos el mismo sentimiento de frustración.

Un amigo mío, mas obstinado que yo, está empeñado hace tiempo en hallar la lógica informática que inspira la secuencia causal de las “máquinas de pensar” , y me sorprendo utilizando los mismos argumentos que a mi me han dado: unas razones que me repugnan como estudiante de filosofía. “Déjate de raciocinios y haz las cosas como te dicen”. “¿Pero no es absurdo y arbitrario que el tipo de letra esté en un directorio distinto al del cuerpo de la letra?” Hace unos meses coincidí en cierto evento con un catedrático de la Universidad de Toulouse y en el abandono de la sobremesa, le confié mi perpetua pugna, mi enconada pendencia, con el ordenador, porque no hallaba un texto, un manual o un folleto que me enseñasen a proceder con cierto orden y a prever las consecuencias de una acción equivocada. “No existe –me dijo--, la informática es un críptico saber secreto que se difunde por transmisión oral y gracias a las probaturas de los más osados. Yo me valgo de un hijo mío”.

Experimenté un profundo alivio con esa confesión y también infinita gratitud. Según descubría, no era rematadamente tonto como había llegado a pensar, sino solo moderadamente incompetente, como los que han dejado atrás la juventud. Mucho más, por supuesto, que los niños de siete años en vías de alfabetización, que parece que nacen aprendidos como dicen en Andalucía. El saber instrumental es enemigo de la edad según parece.

Otro resentido por el esquivo trato que le dispensa la tecnología, comentaba que si los divulgadores del sistema hubiesen sido los metódicos alemanes o los franceses cartesianos --en fin una gente que no circulase por la izquierda-- habrían hallado un sistema fiable que no desembocase en constantes peticiones de principio o, lo que es más desesperante, en círculos infernales y laberintos sin más salida que apagar la máquina.

El progreso es siempre un proceso de simplificación. Conducir un vehículo es cada vez más sencillo con la dirección asistida y las marchas sincronizadas. No hablemos de la telefonía, ni de la perfección de las cámaras fotográficas. Los únicos que lo hacen cada vez más difícil son los diseñadores de “soft-ware”. Cada día nos ponen zancadillas. Lo malo es que nos obstinamos en saltarlas.

Darío Vidal


domingo, 15 de marzo de 2009

RELATOS DE ESPÍAS


No sabemos qué hay de cierto en la rocambolesca trama de espionaje entre dos facciones del PP, aunque ha sido comparada con la “TIA” y las trapacerías hilarantes de Mortadelo y Filemón. Parece obvia la enemistad sonriente que inspira las relaciones entre Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre, alcalde de la Villa de Madrid y presidenta de la Comunidad respectivamene. No sé, pués, qué novedades nos podrían traer unas pesquisas más dilatadas, aunque los populeres las hayan dado por concluidas. Es posible que quieran abreviar no tanto para evitar revelaciones sensacionales como para escapar a la rechufla general, porque los supuestos espías han sido de una negligencia, una ineficacia y una chapucería desternillantes, dando testimonio de reuniones que nunca existieron, de viajes que no se hicieron, de contactos que no se efectuaron, y de presencias que jamas se dieron porque el espiado se hallaba en otra ciudad.

A don Baltasar Garzón, paladín de la caballería andante motorizada del Siglo XX –no sé si del XXI- que empieza con mal pie­­ no ha habido que ponerle espías porque un ciudadano le ha bajado los pantalones con una querella por prevariación contra la que no ha hallado mejor defensa que argumentar que lo de cobrar por dos conceptos sin declararlo al Estado, que es su “patrón”, no lo había hecho “de mala fe”. Naturalmente que no: se había metido en el bolsillo veintiseis millones suplementarios con la mejor intención del mundo. Ya lo creo.

Pero es inaceptable que una persona instruída, abogado por mas señas y juez, el
superjuez Garzón ­­”El hombre que veía amanecer”­­ pretenda simular ignorancia con gesto ingenuo. Me siento profundamente estafado por alguien al que durante tanto tiempo creí, y nunca le perdonaré que me haya privado de la ilusión de ver en él un héroe y de creer, a pesar de todo, en la Justicia.

Sin embargo, al que al parecer le han sobrado espías y amañadores de mentiras es al supuesto único culpable de los atentados del 11­M, el pobre Jamal Zougham, condenado a 40.000 años de prisión, quien sin estar en el lugar de los hechos, fué imputado por el testimonio de tres testigos –todos conocidos y todos indemnizados­­ que le vieron cada cual en un vagón distinto en el momento de la explosión. Pero los fiscales y los jueces parecían tener mucha prisa por cerrar el caso y rechazaron incluso a varios testigos discrepantes. Lo alarmante es que eso no ocurrió en un proceso ante el tribunal del Santo Oficio sino aquí y ahora, con las supuestas garantías del Estado de Derecho. ¿Qué hubiera sido de Zougham de ser juzgado en un Estado islámico?

Aunque no fuera más que por eso, y dejando aparte la dignidad sagrada de la vida, la pena de muerte sería siempre perversa y rechazable. Pero conviene extraer de esta experiencia algún beneficio colectivo y comprometernos siempre a alumbrar la verdad en tantos sucesos sombríos.

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viernes, 13 de marzo de 2009

LA MODA DE COCINAR

Dicen los militantes de los partidos, que, cuando ganan, las sedes se pueblan de caras desconocidas. Lo mismo que cuando pierden las hallan en falta: muchos compañeros han desaparecido de la vista. El primer síntoma de verdadero peligro que percibe la gente de mar antes de que zozobre el navío, es que las ratas, guiadas por un instinto que en este caso les resultará fatal, se arrojan al agua previendo la catástrofe. No haremos comparaciones sesgadas pero cuando algo se pone de moda, como de unos años aquí la gastronomía, todo el mundo se apunta a ser de lo último.
Ahora que las materias primas han perdido calidad porque la industria química interviene no solo en los procesos finales de la cadena alimentaria sino que altera los piensos y ellos la leche que da el ganado y todos sus derivados, y los frutos pierden las características organolépticas definitorias porque los abonos nitrogenados y los otros, les han privado de aroma, igual que a las flores, y el pan no sabe a pan porque cuando el trigo no es transgénico está degradado y la harina incorpora conservantes. Ahora que hemos perdido el paraíso, pretendemos preservar la cocina del maltrato y el largo desdén de tantos años y, lo que es peor, han desaparecido del panorama aquellas honestas, humildes y sabias cocineras de toda la vida que defendieron la herencia del paladar sin apropiarse de los hallazgos, y se han puesto delante los varones haciendo reverencias como siempre que se trata de recoger el aplauso por algo,. Unos hombres que muchas veces no saben lo que llevan entre manos y, lo que es peor, no se han puesto a la tarea de aprender. Y esto es lo irritante: los impostores, los falsificadores, los peones del fraude y la trapala que se postulan para el reconocimiento y la fama sin ningún mérito.
El otro día oí por la radio la receta de un Gazpacho de Fresones que daba uno de esos maestros de la cocina que demostraba ignorar el lenguaje más elemental de los sabores. Juzguen ustedes: Batía en la turmix un kilo de fresones, otro de tomates, un pimiento rojo, un diente de ajo, un pepino francés de los que no tienen simientes, un yogur, aceite de oliva, vinagre de jerez, miel de azahar, “ketchup”, pimienta negra, pimentón rojo, y trozos de jamón serrano crujiente, Y proponía servir ese batido adornado con trozos de arenque nórdico ahumado y unos berberechos.
Se hizo un silencio en el estudio. Estaba claro que jamás había preparado tal cosa y que su paladar carecía por completo de imaginación y memoria de los gustos para resentarse el resultado. Pero los contertulios entendieron enseguida que jamás mezclarían yogur con ketchup, y miel de azahar con ajo y jamón frito, un matrimonio que no aconsejan ni la ley de afinidad ni la de contraste.


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jueves, 5 de marzo de 2009

DESVERGÜENZA DEL PUDOR

Tal vez hayan visto los desfiles de las nuevas colecciones de moda, con vestidos que desvisten y bodys de malla como la de las bolsas de naranjas pero más finas, sutiles y pretendidamente insinuantes. Pero son un fracaso, amigos míos. Son un fracaso porque hemos perdido la idea de pecado. La idea y la conciencia de pecado. Y con ellas, el atractivo de la tentación. No sé si es por eso o porque a ciertos “modistos” no les han interesado nunca las mujeres.

Habiamos dicho muchas veces que con la educación láica despojaríamos a la sociedad del encorsetamiento y la represión a que nos habían abocado siglos de escolarización religiosa. Pero como el sexo es una cosa que reside en la cabeza, no han menguado ni mucho menos el acoso, las violaciones, las obsesiones y comportamientos tan innobles como la paidofilia (no me resigno a afear aún más esta inclinación monstruosa llamándola encima pedofilia) Ha sucedido que sin aquel estricto concepto de culpa, puesto que no creemos en nada y el infierno no existe, la vida ha perdido mucho atractivo.

Se ha dicho que en tiempos del piadoso General, que en paz descanse, aquello que ustedes saben no era pecado sino milagro. Pero no cabe duda de que era más emocionante. ¿Ustedes imaginan lo que debía ser que una dama se fuera despojando de capas, aunque no fuese vestida como en el Siglo de Oro sino como en el 98? Me refiero a los señores porque no entiendo lo que pueda experimenar una mujer ante un fulano con calzoncillos pulgueros o destrabándose aquellas ligas de los calcetines altos que parecían el atalaje de las bestias de tiro. Imagino que no resultaban nada eróticos. Una amiga de mi abuela me confío la penosa impresión que le produjo su marido la primera noche, con calzoncillos, ligas y zapatos. “¿Y este es el rey de la Creación?”-- dice que pensó.

Pero desde el punto de vista de los varones no hay cosa más incitante que la ocultación, nada que provoque más que lo secreto, ni señuelo que más estimule la curiosidad que acabar descubriendo lo vedado. Decía Jardiel Poncela que los hombres se acercan a las mujeres porque les atrae su misterio. Y concluía cínicamente el desvergozado: “porque no saben que las mujeres tienen el mismo misterio que los pozos: que no hay nada dentro”. Me apresuro a manifestar solemnemente, por si tengo alguna lectora, que no creo que el espíritu de los varones posea más hondos contenidos, pero reconozcan que la cita era tentadora.

El caso es que la secuencia misterio-tentación-pecado-culpa posee un atractivo poderoso. Y si a ella se suma el añadido de la expiación como sucedía con Quevedo, Lope de Vega y otros libertinos piadosos, la atracción fatal de las mujeres alojadas en sus cerebros se convertía en “un dulce infierno”.

Quiero decir que una falda que se abre aunque no descubra nunca el muslo, un pareo a lo Marilyn, una camisa entreabierta o una blusa ceñida, son mas turbadores e inquietantes que el escote más audaz, el short más breve, el body de malla y no digamos que el top-less. Lo provocativo es afectar pudor. Una chica en bolas es solo una chica en bolas.


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miércoles, 4 de marzo de 2009

LA DESAZÓN DE ZAPATERO

Hemos visto pocas veces a un ganador tan contrariado como Rodríguez Zapatro. Al señor presidente parece que, con el triunfo de su partido en Euskadi, se le ha caído el mundo encima. Es como cuando de chicos hacíamos una diablura y lamentábamos no habernos quedado quietos. Aquel momento de gloria no valía lo que nos iba a costar.

Pues bien, este adolescente de la política que se mueve por impulsos, acaba de reparar en lo que se le avecina con un PNV con demasiados intereses en juego. Ahora no se trata de un juego y a él le gusta únicamente la representación. Muchas reuniones, comisiones, encuentros y palabras para no cambiar nada. No negociaba con ETA para negociar al cabo; distribuía 400 euros entre los más desfavorecidos para no cobrarlos y que fueran a parar a los que no los necesitan; subvencionaba a las entidades crediticias para que activasen la economía, y consiente que se queden con el dinero sin otorgar créditos mientras se aumenten los sueldos los miembros del consejo y engorden sus beneficios; legisla para que no se fume en los centros oficiales y los lugares públicos para prevenir el cáncer de pulmón pero tras ese ruidoso “parto de los montes” declara que, después de todo, estamos en un país libre y que cada cual fume o no, según su talante. “Un pasito pa' alante y otro pa'atrás”. Como en todo. Pero sin medir las consecuencias ni prever los resultados, como siempre.

Ahora se encuentra con que Patxi López le ha hecho un roto en los pantalones ganando las elecciones vascas. Y le ha cogido tan por sorpresa como en las primeras nacionales que ganó. Pero ahora no vale improvisar. Los lobos acechan tras las tapias del corral y no puede perder una solo oveja; no digamos el rebaño. Los socialistas vascos no “abertzales” han descubierto que hay vida después de Ibarretxe y que ser vasco no es una antinomia de español. Y que se puede --y se debe-- hacer política sin complejos, sin humillaciones y sin miedo.

Ahora una corriente entusiasta de militantes le empuja para que se muestre digno de este momento histórico que, mal que bien, ha contribuído a alumbrar. No puede defraudar a los suyos. Pero, como siempre, no sabe qué hacer. Cuando la coyuntura interna le ha exigido soluciones y la crisis se aproximaba galopante, ha vuelto la vista a los nacionalistas catalanes –cazadores a la espera-- que le hicieron la merced de reclamar el Archivo de Simancas. Y se formó el revuelo. Luego vinieron en su ayuda homosexuales y lesbianas y se dedicó a legislar el matrimonio gay, luego la Ley de la memoria histórica y se puso a descabalgar estatuas ecuestres y a desenterrar a los muertos. Después ha fichado a Bibiana Aído y sus mariachis. Y la verdad es que mientras los inmovilistas, los “finochios”, los nostálgicos y la Iglesia se regocijaban o alborotaban, al común de los motales les importaban un rábano sus vistosas iniciaivas y los socialistas juiciosos también comprendieron que hacía ruido porque no sabía qué hacer y de este modo entretenía al respetable.

Ahora “se acabó la diversión”. Hay que saber qué hacer y van a recordárselo todos los días: “La Economía, estúpido: es la Economía”


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martes, 3 de marzo de 2009

EL AGRESOR CONTRITO

El jaque del "metro" de Barcelona, el acémila que acosó, toqueteó el pecho y coceó en la cara a la aterrada muchacha ecuatoriana arrinconada en su asiento del vagón, dijo el otro día en el juicio que se sigue contra él que está arrepentido de lo que hizo, pero no recuerda nada porque había bebido dos o tres cervezas y varios cubatas con unas cuantas pastillas. Mal hecho. Pero es peor todavía que la embriaguez sirva de coartada.

De todos modos los efectos de ese cóctel explosivo debieron durarle mucho, porque cuando días después le entrevistaron sobre el incidente, contestaba con muy mal talante e impertinencia que qué le contaban a él si se "le había ido la olla", con muy escasas muestras de contricción. Y a la puerta misma de la sala se zafaba de las preguntas gritando que no se acordaba de nada y que si a ellos "no se les había ido nunca la olla". Lo que sugiere que la ingesta de tóxicos y alcohol debería considerarse una agravante como sucede ya en el código de circulación. Aunque no fuese más que para que no sirviese de coartada a estas alimañas y a las que quemaron a la mendiga en la cabina telefónica de Barcelona y a los que convierten en teas los cajeros del País Vasco y a los que hacen carreras automovilísticas nocturnas en Vigo, en Granada y en Madrid, o juegan al rol dondequiera.

La Democracia de que se nos llena la boca como si fuese invención nuestra, demanda, junto a la máxima liberad, el máximo rigor contra los energúmenos, para que la ciudad no se convierta en nido de sabandijas como va camino de suceder por culpa de la impunidad. Todos estos pollos, estos vainas, estos chiquilicuatres, estos matasietes, estos tipos que no tienen media bofetada ni una idea en la cabeza, reprimidos ante los más fuertes, celosos, resentidos, envidiosos, rencorosos y cobardes, pero que quieren imponerse y hacerse temer de las mujeres, los ancianos y los niños, dicen ante el juez que lo sienten mucho y pelillos a la mar. Cosas de los abogados.

Todos contemplamos a ese majadero perpetrar su hazaña. Algo a lo que no se hubiese atrevido con una chica más corpulenta, más decidida o menos apocada, de las que no han de recurrir a tratamiento psiquiátrico como esta. Y ninguno le vió trastabillar, ni vacilar, ni tropezar con lo fácil que es eso con el vaivén de los trenes. Extraña embriaguez la de este maromo chulesco, matón y desgraciado, de cuyo arrepentimiento hablan sus gestos más que sus palabras por más que haga que se humilla.

No diré que lo reeduquen porque no se hasta que punto lo habrán hecho sus padres, pero conviene que la sociedad archive a este animal en el recinto de lo inservible, que le eduquen acaso por primera vez y que le den tiempo para meditar.


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