Dicen que ciento cincuenta personas han fallecido en Méjico a causa de la epidemia. Mas cabe preguntarse cuántas han fallecido de gripe común. ¿Y en el resto del Planeta? Todos bien, gracias a Dios, y mejorando. Pero alguien gana, alguien está ganando, alguien va a ganar, desde los laboratorios que van a adecuar sus “stocks” de vacunas anti-gripe aviar para atajar la gripe porcina a los fabricantes e inductores de las azules mascarillas, que han permitido a algunos malandrines limpiar joyerías disfrazados de clientes aprensivos. De momento la industria farmacéutica ha subido hoy en todas las bolsas. Y los “alarmistas”, sin embargo, se apresuran a tranquilizar a los consumidores diciendo que no pasa nada por comerse el cochino fresco, en adobo, embutido o convertido en jamones. Lo único peligroso es respirar su aliento o besarle en la boca, cosa que no tentaría al cristiano más ortodoxo.
Alguien va a ganar, salvo los pobres israelitas y los musulmanes, que se sienten doblemente amenazados por el animal “inmundo”. No comer ni tocar siquiera al cerdo y contaminarse pese a todo, es como para romper la baraja. Era lo que pensaba César González-Ruano cuando se enteró de que quien ocupaba la habitación contigua, en espera de una operación de próstata en el Instituto Puigvert, era obispo. El escritor, compadecido, musitó dirigiéndose a Grau-Santos y a mi: “Hombre, no es justo; por mucho que haya pecado, no habrá merecido ésto como yo”.
Estamos, amigos míos, bajo el imperio de la manipulación universal y en manos de desampresivos y criminales planetarios, que jamás juzgará nadie por crímenes contra la Humanidad. Vicente Romero comentaba ayer que el brote ha surgido en el estado de Veracruz donde producen porcino para los EE.UU. criado con piensos y medicamentos fabricados por sus farmacéúticas y sometido a mutaciones experimentales. ¿Adivinan quien gana en el río revuelto y la confusión provocada?
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